Con la irrupción a principios de los años ochenta del formato CD, y la paulatina desaparición de los antiguos y tradicionales soportes de música, como el casete o el vinilo, la industria discográfica consiguió popularizar y extender el consumo de obras artísticas a unos niveles asombrosos. Una arriesgada apuesta para la época, gracias a la cual toda la industria musical se benefició ampliamente, incluidas las bandas y también los estudios de grabación. Pero con lo que quizás no contaron en aquel principio fue con el enorme auge que también adquirirían los ordenadores personales, y sobre todo la aparición de Internet a principios del los noventa.
Teniendo en cuenta la fragilidad y vulnerabilidad de un formato como el CD, el aumento del uso de los ordenadores personales y la implantación de las primeras grabadoras de CD, la proliferación de las copias y a la aparición de la mal denominada piratería, un fenómeno, que aunque ya se comenzara a producir con los casetes, vio su punto álgido con la llegada del CD, ha terminado por acabar haciendo mella en un mercado tan importante como la industria de la música. Un problema que ha terminado de estallar con la aparición en los albores del nuevo milenio de los formatos digitales como el MP3, las redes P2P, los iPOD y sobre todo la incomprensible y brutal subida de los precios.
Dejando por un momento al margen los juicios de índole moral sobre si la descarga de música de forma gratuita supone realmente un delito o debería considerarse como una normalidad dados los tiempos que corren, la industria musical, fuertemente afectada por esta importante crisis, busca con urgencia implantar nuevas fórmulas de negocio para no acabar desapareciendo, porque hemos de insistir en ello, la música es un negocio mas. No obstante la desconcertante situación actual esta llevando a muchas bandas a tomar cartas en el asunto, optando por gestionar y controlar ellos mismos sus obras, al margen de las discográficas.
Casos sonados, como los de Radiohead o Nine Inch Nails, ponen de manifiesto que algo está cambiando. Ambas bandas han optado por desvincularse de sus discográficas, y hacer las cosas a su manera, negociando y encontrando ellos mismos las vías y los canales de distribución apropiados, decidiendo el precio de sus discos y canciones, o incluso optando en algún momento por regalarlos. Primero fueron Radiohead quienes optaron por ofrecer su nuevo disco In Rainbows (2008) en formato digital bajo la opción de paga lo que quieras, para posteriormente ponerlo en las tiendas en varios formatos. Un sistema que ha permitido a Trent Reznor, líder de Nine Inch Nails, embolsarse la nada desdeñable cifra de millón y medio de dólares, en la primera semana tras el lanzamiento de su particular Ghosts I - IV (2008).
Se trata sin duda alguna de un nuevo camino a seguir, con el que tanto Nine Inch Nails como Radiohead han conseguido granjearse la enemistad de las discográficas y de algunos compañeros de profesión, pero también las alabanzas y el cariño de los fans, quienes, no lo olvidemos, son el pulmón fundamental que hace respirar a los músicos y sobre todo a este particular mundillo de discográficas, productores, técnicos de sonido, tiendas especializadas y distribuidoras.
¿Pero que ocurre con las nuevas generaciones de bandas? ¿Hasta que punto iniciativas como las de Radiohead o Nine Inch Nails son un ejemplo a seguir? ¿Realmente webs como Last.fm o MySpace benefician a la difusión de nuevos talentos? ¿Resulta importante el apoyo de una discográfica para un grupo? Demasiadas preguntas se ciernen sobre el futuro más inmediato de la música y sus canales de distribución, dudas a las que ni siquiera las partes implicadas son realmente capaces de responder con claridad. Muchas incógnitas que solo el tiempo, las nuevas fórmulas y la aparición de nuevos formatos como el Blue Ray podrán realmente desentramar.