Lo confieso, soy un enamorado del sonido que practicaban los británicos
Bush, la que fuera banda del renovado
Gavin Rossdale. Y es que nunca he disfrutado tanto de la discografía de un grupo, como en el caso de este cuarteto londinense. Pioneros por ser de los primeros en abrazar el sonido
Grunge en el
Reino Unido, pero sobre todo por saber aderezarlo con las particularidades que sólo los habitantes de las islas son capaces de aportar.
Lastrados por el simple hecho de haber sido los últimos en apuntarse a un género tan desgarrador, tan auténtico, tan rompedor como el
Grunge, fueron quizás una de las primeras bandas a las que personalmente le colgaría la etiqueta de
Post Grunge. Su sonido lejos de imitar a los
Nirvana y compañia, se nutría de elementos mucho más elaborados, melodías complejas y estructuras de guitarra algo enrevesadas. Pero lo que tampoco se puede negar es que tenían el camino prácticamente hecho.
Por eso es por lo que un disco de debut como
Sixteen Stone (1994) acabó terminando de explotar a la fuerza en el verano de
1995, varios meses después de su publicación y de la mano del que sería el tercer single de la banda
Comedown. Fue la oportunidad perfecta para que
Bush se embarcaran en una extensa gira americana, que les terminaría de consagrar definitivamente, al menos al otro lado del
Atlántico.
Después vendría el imprescindible
Razorblade Suitcase (1996), con el que terminarían de asentarse internacionalmente, gracias a singles como
Swallowed o
Greedy Fly. Pero la época dorada de los artistas de
Seattle iba llegando poco a poco a su fin. Bandas como
Soundgarden,
Alice In Chains o
Screaming Trees, pondrían el punto final a sus trayectorias, algo que marcaría irremediablemente el devenir de los británicos.
Tres largos años pasaron hasta la publicación de
The Science Of Things (1999), un buen disco, tampoco el mejor, en el que
Bush apostaron por la experimentación, el uso en pequeñas dosis de la electrónica y otros efectos menos habituales en el
Rock. Un álbum que sufrió irremediablemente las consecuencias de la época en la que fue lanzado, y que no despertó demasiadas simpatías, ni generó las ventas esperadas. La banda decidió entonces que era buen momento para cambiar de compañia discográfica, dando el salto de
Trauma Records a
Atlantic Records, en busca de nuevas metas y objetivos.
Pero la publicación de
Golden State (2001), otro buen disco, cargado de excelentes temas, sin espacio para la experimentación, tratando de rescatar el sonido primigenio de los británicos, tampoco gozó de la aceptación del público, ni de la crítica, y resultó ser un verdadero fiasco a nivel de ventas. Ante el fracaso,
Bush fueron condenados al ostracismo más absoluto por parte de
Atlantic Records y la banda acabó replanteándose su propio futuro decidiendo disvolverse de forma indefinida entrados ya en el año 2002, poniendo el que hasta ahora es el punto final a su trayectoria.
A mi juicio
Bush fueron una grandísima banda que hay que saber paladear con tranquilidad, sin prejuicios, y sobre todo sin tratar de comparar con los grandes del
Grunge. Si bien sus dos primeros trabajos resultan realmente imprescindibles, los dos últimos no desmerecen para nada a la banda, sobre todo el interesante
Golden State (2001) del que todavía me sorprende su poco éxito comercial. Una verdadera lástima.
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Bush