Sinceramente, la gente no se entera. Como es posible que una banda con la calidad y la trayectoria de
Wildhearts, tenga que trasladar su show de la
Sala 2 de
Razzmatazz a la minúscula
Sala 3 ( mucho más calida, todo hay que decirlo) por la poca venta de entradas.
Por razones que no logro comprender, cierto sector rockero barcelonés desprecia a
Ginger y los suyos. Ellos se lo pierden, por que los que estuvimos en la
Razzmatazz 3 disfrutamos probablemente del concierto del año!
Y es que un show que empieza con las alucinantes
Vanilla Radio,
Caffeine Bomb y
Everlone no deja indiferente a nadie.
The Wildhearts salieron a matar, con un rejuvenecido
Ginger (por fin desprovisto de sus rastas y barbas) comiéndose el escenario, recibiendo una respuesta eufórica del público. Tienen pocos fans pero muy entregados.
Tras un pequeño parón para solventar unos problemas con las guitarras (ese sufrido guitar tech llamado
Gonzalo, el tipo más ovacionado de la noche!), la fiesta continuó durante casi hora media, desgranando himno tras himno.
Sonaron entre otras
My Baby Is A Headfuck,
I Wanna Go Where The People Go,
Someone Who Won't Let Me Go,
Suckerpunch...
Sin olvidar tampoco la genial versión del
Carmelita de
Warren Zevon con su incomensurable bajista
Scott Sorry a la voz.
Sin duda, mi momento favorito del show fue ese
Rooting For The Bad Guy, tema de más de ocho minutos de duración que ejemplifica su innata capacidad de combinar la tralla más descarnada (rozando el
Thrash Metal) con preciosas melodías
Pop beatlenianas. Impresionante.
En definitiva, un concierto sobresaliente.
P.D. Gracias a
Rockenberg por prestarme esa potente foto.
Banda |
The Wildhearts